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Cine Friki.

Iniciamos nuestro recorrido por el cine fantástico con una serie de títulos que no pueden faltar en tu videoteca

 The horror of the Blood Monster.

 Probablemente los diálogos más absurdos de la historia del cine. Efectos especiales  catastróficos. Imprescindible.

Atención a la portada del DVD; COMEN CARNE HUMANA!!!

MONSTRUOS HAMBRIENTOS.

1970 (Estados Unidos)
Actores: John Carradine, Robert Dix, Joey Benson, Jennifer Bishop, Vicki Volante, Bruce Powers, Britt Semand, Fred Meyers
Director: Al Adamson
Música: Mike Velarde
Escrita por: Sue Mcnair
Fotografía: William g. Troiano, William Zsigmond
Producida por: Al Adamson
Duración aprox.: 86 min.
Distr.: Filmas
Clasificación: Mayores de 18 años

Un grupo de vampiros espaciales ataca la Tierra. El Doctor Rynning, explorador y científico, planea un rastreo en el sistema solar de donde proceden los monstruos. Aunque el desconocido y nuevo planeta tiene un aspecto parecido al de la Tierra, su atmósfera sufre cambios cromáticos debidos a radiaciones.
Durante la exploración, la tripulación se verá asaltada por los peligrosos vampiros. Para escapar de una muerte sangrienta, deberán luchar contra los habitantes de este incierto mundo.

 

Dracula vs Frankenstein.

 

 

Al Adamson es una de esas extrañas figuras abisales que siempre se han movido en las más oscuras profundidades de la auténtica serie Z. Se inició en el cine a mediados de los años 60 con bodrios como TWO TICKETS TO TERROR o PSYCHO A GO-GO (películas totalmente invisibles hoy en día) y después se asoció con el productor Sam Sherman para fundar la Independent-International Pictures, cuya primera película, SATAN'S SADISTS, una cinta de motoristas psicópatas, estaba interpretada por el espantoso Russ Tamblyn, ese inmundo actor que, después de protagonizar WEST SIDE STORY intervino en una sucesión innumerable de subproductos infames del género terrorífico. A ésta siguieron joyas como HORROR OF THE BLOOD MONSTERS (la película con más títulos alternativos de la historia, una atrocidad que incluía metraje en blanco y negro de una ignota producción filipina), BLOOD OF GHASTLY HORROR (remontaje de PSYCHO A GO-GO, un absurdo sobre unos ladrones de joyas que dan órdenes a un veterano del Vietnam gracias a un control electrónico que le fue implantado en el cerebro) y la película que ahora nos ocupa, la obra más famosa de su inmundo director, una mezcla de actores veteranos en fase terminal con un guión puramente "explotation" propio de los 70.

 

Como las otras películas de nuestro amigo Adamson, fue montada con fragmentos rodados a lo largo de un período de varios años.

 

J. Carroll Naish, septuagenario y en silla de ruedas, interpreta al doctor Frankenstein, quien dirige un parque de atracciones bajo un nombre falso

 

Lon Chaney Jr., con más de 60 años y totalmente alcoholizado, da vida a Groton, un retrasado mental que se dedica a decapitar jovencitas en minifalda (?)

 

Angelo Rossito, el actor enano descubierto por Tod Browning en FREAKS y que después intervino en desopilantes subproductos como THE CORPSE VANISHES, SCARED TO DEATH, JUNGLE MOON MEN, MESA OF LOST WOMEN o THE TRIP, ayuda a Groton en sus asesinatos.

 

Drácula, interpretado grotescamente por un actor de pelo rizado y perilla ridícula que se hacía llamar a sí mismo Zandor Vorkov, obliga al doctor Frankenstein a revivir a su criatura (interpretada por John Bloom, con máscara y pelucón).

 

 

El monstruo liquida al bueno de Forrest J Ackerman   (estrella invitada en el filme), mientras la esposa de Adamson, una rubia tetuda, canta, baila y se pone ciega de LSD; por cierto, Russ Tamblyn también aparece interpretando a un motorista (¡vaya novedad!).

 

 

Después de rodar algunas "blaxplotations", como THE DYNAMITE BROTHERS, perdemos la pista del gran Adamson (aunque sabemos que rodó más películas en los 80)

 

 

Aquéllos que, aceptando ciegamente las teorías de los hermanos Medved, consideran a Ed Wood Jr. el peor director de la historia, deberían ver alguna cinta de Adamson para reconsiderar su opinión.

 

Sobre lo que no parece haber ninguna duda es que Zandor Vorkov fue el peor Drácula de la historia del cine.

 

 

 

 

La condesa Drácula.

-         Sangre y tetas –

 

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La figura histórica de la condesa Bathory inspiró el guión de esta película que, digámoslo ya, es posiblemente la más aburrida de todas las que produjo Hammer Pictures.

 

 

 

La trama argumental nos refiere cómo la condesa Nadasdy descubre el poder rejuvenecedor de la sangre de doncella, pero, lamentablemente, los efectos son sólo temporales, por lo que la servidumbre de la aristócrata debe ocuparse de conseguir la "materia prima" que necesita su señora.

 

 

La condesa llega incluso a hacerse pasar por su propia hija y comprometerse con un joven oficial del ejército, pero durante la ceremonia nupcial el proceso de rejuvenecimiento se invierte y muestra ante los invitados el rostro senil que le corresponde. Enloquecida, ataca a su verdadera hija. El final de la película muestra a la protagonista en una mazmorra esperando ser ajusticiada acusada de ser... la condesa Drácula.(!)

 

 

 

Dos son los problemas principales de esta producción: en primer lugar, la obsesión preferente de sus responsables parece ser poder mostrar el máximo de epidermis femenina a la menor oportunidad, lo que da lugar a momentos tan lamentables como aquél en que alguien comenta qué buena pareja hacen la condesa y su prometido y una prostituta le responde, sosteniendo sus pechos con las manos: "pero no tan buena como esta pareja ¿verdad?.

 

Por otro lado, el director Peter Sasdy, un inepto, quiso, según propia confesión, inspirarse para esta película en IVÁN, EL TERRIBLE de Eisenstein (!!). lo que dio como resultado la previsible chapuza que cabía esperar; ya que el ritmo resulta pomposo, lentísimo y solemne, lo que no encaja en absoluto con lo que realmente resulta ser el filme: una película de sangre y tetas.

 

La Máscara Del Demonio.

 


LA MÁSCARA DEL DEMONIO (LA MASCHERA DEL DEMONIO / DIE STUNDE WENN DRAKULA KOMMT)

Formato: DVD

La Princesa Asa es sentenciada a muerte por practicar brujería con su criado Javutich. Dos siglos después, la trama se centra en el viaje que emprenden en carromato, hacia Moscú, el Profesor Kruveian y su joven protegido, el Doctor Andre Gorobec. Los dos incitan al cochero a que atraviese un lúgubre bosque, aunque éste esté marcado por una fatal leyenda, una superstición que enmarca la tumba de la bruja Asa en algún lugar de su interior…

Ficha Técnica

Director: Mario Bava / Productor: Lionello Santi para Galatea / Guión: Mario Bava, Mario Serandrei, Ennio de Concini, según el relato "El viyi" de Nikolaï Vasil'evich Gogol / Fotografía: Mario Bava / Música: Roberto Nicolosi / Montaje: Mario Serandrei / Efectos especiales: / Intérpretes: Barbara Steele (Katia Vajda/princesa Asa Vajda), John Richardson (Dr. Andre Gorobec), Andrea Checchi (Dr. Thomas Kruvajan), Arturo Dominici (Javutich/Javuto), Ivo Garrani (Príncipe Vajda), Antonio Pierfederici (sacerdote), Tino Bianchi (Ivan), Clara Bindi, Enrico Olivieri, Mario Passante, Renato Terra, Germana Dominici… / Nacionalidad y año: Italia / Alemania 1960 / Duración y datos técnicos: 87 min. b/n 1.85:1.

Comentario

Descubrir a estas alturas las maravillas de La Máscara del Demonio (La Maschera del Demonio, 1960) se presenta como un hecho repetitivo y casi machacón, tales son las alabanzas unánimes que ha cosechado esta joya del cine fantástico desde su elaboración; pero su importancia cinematográfica hace que sea necesario, cuando menos, el enésimo estudio con detenimiento sobre sus logros artísticos. Porque, por un lado, el filme resulta ser la carta de presentación de Bava tras la dirección (ya en solitario) y por lo tanto el inicio de un estilo inconfundible que marcará en general el trabajo del director y por otro un punto de ruptura dentro del género fantástico que, a partir de entonces, sería tratado por muchos de sus profesionales desde una óptica nueva y original, inaugurando incluso una corriente en Italia llamada desde hace varios años escuela de terror italiana.

Y eso que, en realidad, el germen de tan apasionante filme hay que buscarlo en un intento de los italianos por combatir el poderío comercial de la Hammer, productora británica que estaba barriendo en el mercado europeo con sus transgresoras visiones sobre el mito de los vampiros y del monstruo de Frankenstein. De hecho, la concepción argumental de La Máscara del Demonio no difiere en absoluto de una de las obras maestras que Terence Fisher y su Hammer estrenaban ese año, Las Novias de Drácula (The Brides of Dracula, 1960); en esta película se plasmaba el ocaso de la aristocracia del siglo XIX por medio de una familia de vampiros decadente, mórbida y hasta incestuosa; y es esta noción de la que Bava se apropia para dar un giro argumental al relato de Gogol, "El viyi", para elaborar su guión (con la ayuda de Ennio De Concini y Mario Serandrei). Así, el costumbrismo del escritor, que bebe de las tradiciones más arraigadas del pueblo ruso y con una predisposición a la descripción de la pobreza, la ignorancia y la religión como fuente de las supersticiones más oscuras, es sustituido por Bava por el envoltorio de una riqueza y de un tipo de estirpe crepuscular muy mediterránea, evocando la gloria de varias y ya extintas familias italianas. Si en este sentido tanto La Máscara del Demonio como Las Novias de Drácula cabalgan en paralelo, lo cierto es que es Bava quien redondeará años más tarde el estilo argumental con la magnífica La Frusta e Il Corpo, no sin antes servir como mecha para otros directores de su nacionalidad que presentarán personajes/castas de iguales características en sus películas.

El productor Lionello Santi, contento de que Bava terminara a tiempo el rodaje de Caltiki, il Mostro Inmortale, ofrece al director el proyecto de dirigir La Máscara del Demonio. La película es un logro audiovisual que confirma las dotes técnicas que el italiano llevaba demostrando desde el principio de su carrera. Sin duda, uno de sus puntos fuertes se encuentra nada más comenzar el metraje; la voz en off de un narrador nos pone al día sobre los avatares vampíricos que se dan por aquel entonces en tierras rusas, precediendo a una fascinante secuencia precréditos que ya enarbola ese estilo salvaje pero teñido en claroscuros que marcarán toda la historia. Que Bava haya prescindido del color para fotografiar su película no quiere decir que ésta vea disminuida su fuerza argumental en demasía; todo lo contrario. La Princesa Asa (Barbara Steele) es sentenciada a muerte por practicar brujería con su criado Javutich (Arturo Domincini). Bava elige la imagen de las llamas de una hoguera como primer plano de la secuencia; y esto es significativo porque si el fuego (para los inquisidores) era símbolo de purificación, no cabe la menor duda de que, en este caso, el elemento también conecta a la perfección con ese erotismo soterrado y muy dañino que la protagonista femenina propondrá a lo largo de toda su carrera. Y es que otro de los aciertos de La Máscara del Demonio es el de haber propuesto, por primera vez en el cine fantástico, una fémina de tales atributos; sí, el cine de terror no contaba hasta entonces con una mujer tan maquiavélica como Barbara Steele; esta inglesa de cabellos oscuros y grandes ojos, cuyo nervio dramático se sustentaba en un rostro cuasi cuadrado, geométrico y de gestos insultantes y fieros, originó una clase de personaje mujeril desde entonces harto recurrente en el cine de género, una malvada en la que se entremezclaba desde el histrionismo más telenovelesco hasta otros particulares tan sutiles y malsanos como una sensible ternura o una tristeza atrayente por su evidente decaimiento. Sobre la Steele comenta Juan Antonio Molina Foix: "El demonio tentador a quien la certeza de hacer el mal llena de una exaltación casi contagiosa, frente a la sensible, pasiva y un poco infantil doncella perseguida de las novelas góticas, que parecen concebir el dolor como parte integrante de la voluptuosidad". Atada a un poste y de espaldas, con las ropas rasgadas y el pelo enmarañado, maldecirá a su propio hermano (el inquisidor) y a sus descendientes, logrando una de las imágenes más cinéfilas de la historia de la gran pantalla; sus ojos llorosos serán testigos de cómo unos siniestros y musculosos verdugos le acercarán al rostro una preciosista máscara engalanada con afiladas púas en su interior. Es lógico que, en su día, la escena sufriera en Estados Unidos varios cortes por su concepción tan brutal; Bava, no contento con habernos mostrado en un plano general el sangriento-enmascarado sino de Javutich (el mismo que Asa está a punto de correr), se saca de la manga un experimento estilístico en el que confluye desde un plano estático que muestra a uno de los verdugos acercando la máscara a la cámara, hasta encuadres subjetivos desde tan curiosa arma de tortura, amén de un magnífico primer plano del rostro de Barbara Steele en pleno éxtasis de dolor/placer. Es ese contraste entre la Justine y la Juliette sadianas que todos hemos logrado discernir. La secuencia finaliza cuando los verdugos clavan la máscara en el rostro de la bruja por medio de un brutal martillazo; nunca antes, en un filme en blanco y negro, la sangre había brotado tan roja.

Dos siglos después, la trama se centra en el viaje que emprenden en carromato, hacia Moscú, el Profesor Kruveian (Andrea Checchi) y su joven protegido, el Doctor Andre Gorobec (John Richardson). Los dos incitan al cochero a que atraviese un lúgubre bosque, aunque éste esté marcado por una fatal leyenda, una superstición que enmarca la tumba de la bruja Asa en algún lugar de su interior; como dirá el pobre carretero: "Preferiría combatir otra vez con el condenado Napoleón antes que con la bruja". La puesta en escena de Bava se hace ahora más puntillosa si cabe; aún arañando estilos anteriores para formar la vértebra principal del diseño artístico, como el desmesurado uso del blanco y negro expresionista deudor tanto de los mejores filmes de la Universal como de la obra de maestros de la talla de Tod Browning, James Whale o F. W. Murnau, el italiano retoma sus propios logros formales de I Vampiri o Caltiki, il Mostro Inmortale para crear un bosque denso y profundo, donde la oscuridad más impenetrable vive a la par con otros elementos, en un principio más banales, pero tan importantes como los inquietantes sonidos de los animales o los destellos de los rayos tormentosos. Un bello cuadro, apuntillado por un soberbio uso de la luz, que se ajusta a la perfección a ese tono mágico pero marchito a la vez que marca la narración del argumento. Pero La Máscara del Demonio cuenta también con unos defectos artísticos que la mayor parte de la crítica ha decidido pasar por alto; incomprensiblemente, esta puesta en escena tan minuciosa contrasta con unos imperdonables fallos de continuidad, unos errores de raccord más propios de cualquier destajista de la serie Z que de un profesional que se precie de ser maestro: cuando el carromato que transporta a los protagonistas tiene un percance, los profesores decidirán examinar el lugar a pie; los planos del bosque seguirán siendo iluminados tal como si la acción transcurriera de noche, mientras que Bava inserta otros planos diurnos que muestran al cochero azuzando a sus clientes a que finalicen rápidamente sus pesquisas; es decir, se pasa de la noche al día, y viceversa, con total desvergüenza. El porqué de este chirriante defecto tiene una difícil explicación; tal vez haya que atribuir el fallo a la relativa inexperiencia de Mario Bava en la dirección, o a un tercero, ya fuera éste el productor americano o el encargado de montaje. Retomaremos el tema más tarde porque, en el medio del metraje, tendremos otro ejemplo similar y más aclarador aún.

Si hasta el momento habíamos sido testigos de esos pequeños detalles de ambientación paisajística que definirán el trabajo de Bava, donde brillaba con luz propia (nunca mejor dicho) el uso inconmensurable de las sombras más terroríficas, la niebla más brumosa o el ruido del viento más fantasmal (en esta película producido por los tubos de un órgano musical abandonado en medio del bosque y abocado a su eminente podredumbre), ahora apreciaremos cómo el director de San Remo se las gasta con los interiores. Kruveian y Gorobec descubren una cripta derruida, la capilla que guarda los restos casi incólumes de la bruja Asa; el barroquismo del diseño artístico con el que Bernard Robinson adornó muchas de las producciones Hammer tiene su perfecto antagonismo en el trabajo de Bava; el italiano es más proclive a resaltar la desolación ornamental antes que el lujo y el esplendor de los decorados; los monstruos británicos viven en mansiones engalanadas con las riquezas más cegadoras, los muebles más caros, las obras de arte más apreciadas, mientras que los engendros de Bava comparten su (in)existencia con el polvo más pringoso, las telarañas más tupidas y la suciedad más onerosa. El universo de Bava es completamente artificial pero, en el fondo, también más coherente con el género; la maldad de La Máscara del Demonio sufre el castigo del olvido, del moho, y esta punición será compartida, como veremos más tarde, por los propios protagonistas de la película.

Como en una escena similar de Las Novias de Drácula (se van cerrando las comparaciones) un murciélago de tamaño considerable ataca al protagonista, Kruveian en este caso, con la mala fortuna de que los métodos (golpes y un disparo) que utiliza el profesor para acabar con el bichejo sirven también para desencadenar la tragedia: la tumba que guarda el cuerpo de la bruja cuenta con un cristal que se rompe en la lucha, hiriendo una de las esquirlas la mano de Kruveian; algo de sangre caerá en el rostro habitado por insectos de la Princesa Asa, provocando el inicio de la resurrección de la hechicera. Al abandonar el mausoleo los dos amigos son testigos de una nueva sorpresa: una mujer de enigmática belleza, con un increíble parecido a la bruja, y escoltada por unos soberbios dogos de color negro, se les aparece como llegada del mismo averno; es la Princesa Katia (interpretada por la propia Steele), descendiente de Asa y nueva dueña del territorio. Bava consigue resumir el significado global del filme en un solo plano, y simplemente con la presentación de este personaje: la dualidad existente entre el bien y el mal tiene su parangón en el rostro iluminado (¡¿por una bombilla escondida?!) de Katia, siendo Barbara Steele la intérprete perfecta para mostrar ante el espectador las diferencias/similitudes entre la damisela virginal y la cortesana más arpía. Esta simbiosis en la personalidad de una misma hembra se hará más patente en el desenlace del filme, cuando la bruja se haga pasar por la cándida amada para intentar engañar al galán protagonista.

La siguiente escena nos muestra a la familia de Katia, su padre el Príncipe Vaida (Ivo Garrani) y su hermano Konstantin (Enrico Oliveri), reunida ante el fuego. Con esta escena se sigue remarcando el gran parecido entre las dos mujeres del filme; la belleza de Katia es la tristeza y la melancolía, la depresión provocada por un futuro incierto y por un destino del que no puede huir, mientras que la de Asa se basa en lo mismo pero anteponiendo una sensualidad y una crueldad nada halagüeñas para el destino de la familia. Katia y su padre caracterizan esa estirpe en decadencia de la que se hablaba al principio, sumidos ambos en la desesperación y en una especie de maldición que parece cerrar sus alas sobre ellos. Se cumple el aniversario del ajusticiamiento de la Princesa Asa, y Vaida ve reflejada la máscara de tortura, la muerte, en el líquido reconstituyente que le ofrece su mayordomo Ivan (Tino Bianchi). Aún hay otro acto que refuerza este drama poético; es una conversación que padre e hija entablan en el jardín de su hogar, y es esa escena con la que tal vez se pueda discernir el porqué del error estilístico del principio: una vez más Bava vuelve a cometer un fallo de continuidad, insertando este diálogo a la luz del día en medio de una secuencia nocturna protagonizada por una niña del pueblo. Sin duda el error se debe al montaje, ya que aunque la conversación entre los príncipes es importante (por ser reveladora y demás), seguro que su lugar en la planificación no se situaba en ese momento del filme.

Asa despierta al fin de su condena de letargo. Utilizando sus poderes logra resucitar a su amado, al vampiro Javutich, el cual surge de la tierra como si fuera un muerto viviente, guardando su rostro todavía tras la máscara asesina. El espectro realiza una visita mortal al padre de Katia y acto seguido centra su atención en el personaje interpretado por Checchi, al que engaña afirmando que el Príncipe Vaida ha solicitado sus servicios. La visión del barroco carromato que transporta al Profesor Kruveian a una muerte segura, así como la tenebrosa figura del vampiro reconvertido en un atroz cochero que azota a sus caballos hasta la extenuación, produce una fascinación desasosegante en el espectador, acrecentada por el ralentí con el que Bava ha decidido filmar la escena. Como un cuadro de Eugène Delacroix, como una descripción macabra de Lovecraft, es una imagen que rememora al Nosferatu de Murnau y que antecede a otra similar pero en color interpretada por Christopher Lee y Veronica Carlson en la hammeriana Drácula Vuelve de la Tumba (Dracula Has Risen From the Grave, 1969). Kruveian es llevado ante la presencia de la malvada Asa, pues la bruja necesita más sangre del hombre que la resucitó por accidente. Vampirizado, al pobre doctor no le queda más remedio que cumplir los designios de la hechicera, y éstos se sustentan, por supuesto, en los deseos de venganza sobre sus descendientes.

A partir de aquí el filme toma un brío considerable, sumándose diversas escenas de acción y secuencias en paralelo que Bava filma y monta con evidente dominio del tempo narrativo. Kruveian llega a la mansión de Katia como un muerto viviente más, mientras Gorobec y un cura descubren su cuerpo sin vida en un cementerio; el encantamiento del antiguo compañero del galán desaparece cuando éste aplasta los ojos del cadáver; por otro lado, Javutich y Konstantin se enzarzan en una pelea bestial de la que el mortal sale malparado (en un principio porque, más tarde, el joven acabará con el fantasma), y por otro Katia se encuentra frente a frente con su padre muerto; finalmente Javutich acabará por segunda vez con la vida del Príncipe Vaida, secuestrando a Katia, y volviendo a la cripta al lado de su ama.

Como no podía ser de otra manera, el desenlace comienza con un encuadre que reúne los rostros de las dos mujeres en un mismo plano, la maldad y la bondad juntas al fin para que la primera abrume a la segunda (desvanecida, por cierto) con una perorata rematadamente concluyente: son seres semejantes unidos por el mismo lazo, aquel que ha utilizado el hado para atar la maldición que pesa sobre ellas; solamente el amor por un hombre estuvo a punto de que Katia alcanzara esa ternura que la disociara de la bruja y su maligna esencia. Esta doble sensación de horror y atracción que emana de la lindeza de la/s protagonista/s se ve enaltecida por la banda sonora de Roberto Nicolosi, imprecisa pero tan poética como el drama visual al que acompaña. Curiosamente para la versión americana, un afamado montaje que corre con el nombre de Black Sunday (entre otros), la música de Nicolosi sería suprimida por una partitura del gran Les Baxter, más elaborada, completamente superior, pero tan suntuosa que se perdería en el acabado final esa línea lírica y obsesiva que engendraba la anterior. Gorobec llega a la cripta a tiempo, antes de que la bruja concluya tanto su venganza como su restitución carnal, y encontrándose con el entuerto anteriormente mencionado: ¿quién es su amada?, ¿la mujer que yace desmayada en la tumba, o aquella otra que gesticula dócilmente pidiendo su misericordiosa ayuda? Finalmente el joven dará con la respuesta correcta descubriendo la verdadera forma de Asa: con un bello rostro pero con un monstruoso cuerpo (no obtuvo la suficiente sangre que la regenerara por completo), sus sangrantes tripas y órganos descompuestos demuestran ese ying y yang tan presentes en la descripción conjunta del bien y el mal; lo segundo encierra a lo primero y, muchas veces, lo primero a lo segundo. Un final irónico (recordemos que Bava era un hombre con un sentido del humor sarcástico e, indudablemente, soberbio) que se ve completado por el último homenaje que el director brinda a sus recuerdos cinematográficos, en este caso a aquellos hilarantes y chamuscados finales de los filmes de la Universal: el fuego purificador de los aldeanos pondrá otra vez las cosas en su sitio; quemada, reducida a cenizas, la próxima vez será muy difícil que la Princesa Asa cumpla su segunda y última maldición.

Por sus deficiencias artísticas no se puede considerar a La Máscara del Demonio como el mejor trabajo de Mario Bava pero, aún así, no cabe la menor duda de que es una auténtica obra maestra, una joya del cine mundial que a duras penas ha envejecido. Con La Máscara del Demonio Bava demuestra que es más que un competente artesano, más que un excelente director de fotografía, es ante todo un genial director de cine cuyo dominio de la narración y de los significados más profundos contradice a aquellos que sólo han querido ver en su figura a un excelente profesional de la cámara.

Anécdotas

* La escena del envejecimiento final de la bruja se rodó en un solo plano-secuencia con maquillaje de distintos colores puesto a aparecer paulatinamente con una sucesión de focos también de colores diferentes. * Títulos anglosajones: Black Sunday / The Demon's Mask / The Hour When Dracula Comes / House of Fright / The Mask of Satan / Mask of the Demon / Revenge of the Vampire. * El hijo de Bava, Lamberto, dirigió un pésimo remake para una serie televisiva de coproducción europea englobada bajo el título de Sabbath, La Máscara del Demonio (La Maschera del Demonio, 1989), que en algunos países ha sido exhibida en cines. * Otra versión del relato de Gogol: Vij (1967, URSS), de Georgi Kropachyov, Aleksandr Ptushko y Konstantin Yershov, también excelente.

Bibliografía

"El viyi", de Nikolaï Vasil'evich Gogol. Incluido en Cuentos rusos de magia y brujería. Madrid: Heptada, 1990. Colección Narrativa inquietante; s/n.

Juan Corral (La Coruña. España)

 

 

La Maldición del hombre lobo.

 

En esta ocasión Hammer ambienta una película de hombres lobo en España para aprovechar unos decorados de una película de vampiros.

 

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MEDIA:

SINOPSIS:

Una joven sordomuda da a luz un bebé con un extraño apetito de sangre. Adoptado por un bondadoso maestro recibe una refinada educación, sin embargo no consigue reprimir sus tendencias asesinas.

 

 

TITULO ORIGINAL

The Curse of the Werewolf

GENERO

Terror

PAIS

Gran Bretaña

DURACION

95 minutos

AÑO

1961

DIRECTOR:

Terence Fisher

GUION

Anthony Hinds

INTERPRETES

Catherine Feller, George Woodbridge, Oliver Reed y Yvonne Romain

PRODUCTOR

Anthony Hinds

MUSICA

Benjamin Frankel

FOTOGRAFÍA

Arthur Grant

 

 

 

 

 

 

 

Una pelicula con ese sabor de la productora "Hammer", con una ambientacion de epoca muy lograda y ese metraje tan agradable que siempre caracterizo a esta productora. Un colorido magnifico y un buen hacer de Oliver Reed, que me ha sorprendido de verdad. No es excesivamente larga. no llega a hora y media, y sin embargo el director Terence Fisher se las arregla para dar una narrativa magistral a la pelicula con una explicacion en la primera media hora del nacimiento y del origen del mal del hombre lobo muy bien trabajada. Una segunda parte del niño tambien bien argumentada, y todavia da tiempo a mostrar una ultima parte del personaje llamado Leon ya de adulto afectado por un drama personal donde confluyen, la amistad, el amor, la familia, la muerte ... temas fundamentales en las buenas peliculas clasicas de terror. Me ha llamado la atencion que este ambientada en España; una pelicula muy buena y muy recomendable que ha quedado como una obra magnifica y antigua , y un tratamiento muy serio y dramatico de la licantropia. Magnifica.

 

 
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